No soy
fuerte. No soy inteligente. No soy buena. No soy sensible. No soy perceptiva. No
soy receptiva. No soy nada. No soy nadie. No soy y punto. No soy linda. No soy
fea. No soy sincera. Me miento. Me niego. Me encierro. No soy amiga (mía). No
soy enemiga (tuya). No soy fuerte. No soy débil. No soy útil. No soy valiente.
No soy cobarde. No soy admirable. No soy despreciable. No soy de dar lástima. No
soy orgullosa. No soy víctima. No soy culpable. No soy autosuficiente. No soy
independiente. No soy dependiente. No soy compañera. No soy acompañada. No soy
llorona. Lloro por dentro. Sangro por dentro. Muero por dentro y renazco. Pero
primero agonizo y muero. No soy necesaria. No soy demandante. No soy demandada.
No soy deseada. No soy amada. No soy amante, ahora no. No hago falta. No me
hacen falta. No me creo. No te creo. No te extraño. No te lloro. No me lloran.
No me quieren. No los quiero. No los busco. No los encuentro. No los pierdo. Se
pierden solos. No estoy bien. No estoy mal. No soy sabia. No soy ignorante. No
soy mansa. No soy tan brava. No soy mejor. No soy peor. No soy modesta. No soy
engreída. No soy todo esto. No soy todo aquello que hubieras imaginado. No soy
lo que quise. Pero tampoco lo que no quise. No soy selectiva. No soy elegida. No
soy pretendida. No soy pretendiente. No soy rencorosa. No soy desconfiada. No
soy crítica. No soy perspicaz. No soy racional. No soy emocional. No soy de
abandonar. Pero soy abandonada. No soy mala. No soy buena. No sé. No quiero
saber. Quiero saber. Por qué. Para qué. Por quién. No soy triste. No soy tan
alegre. No quiero ser… no puedo ser… no puede ser. Así no. No soy fuerte… Tanto
no.
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